viernes, 14 de noviembre de 2014

Jara al palo, de vuelta la vida.

  • Te juro que no quiero ver más, son demasiados nervios - exclamé
Yo tampoco, replicó Camilo, mientras que el resto de los muchachos se encomendaban a lo imposible y a todas aquellas creencias que parecieran darle otro giro al fútbol.
Me levantaba a cada rato de mi asiento, y me tomaba los cabellos, que para ese entonces estaban largos y entrelazaba los dedos en aquella mazamorra. Fueron reiterados paseos como cual padre lo hace fuera de la sala de partos. Trataba de buscar respuestas a aquel infame disparo de último minuto de Pinilla, el cual mis propios nervios no pudieron captar tal momento sino que fueron las reiteradas repeticiones del disparo las que me hicieron entrar en razón que si el balón no pegase en el travesaño, otra historia se escribiría.
-Quiero otra cerveza, y por si las moscas déjame otra- le dije a Herrera.
Ya llevaba a mi haber sobre diez latas de cerveza en el cuerpo y me sentía mas consciente que nunca, creo que para este mundial nunca había tenido tantos nervios de ver un partido de fútbol que antes de los quince minutos de juego en todos los partidos ya tenía a mi haber un litro de cerveza.
Era 28 de junio, nos habíamos reunido en la casa de Camilo los que comenzamos a seguir la travesía de la roja en tierras brasileñas, las mismas cábalas, la cara pintada, las mismas cervezas, la misma posición de todos con sus asientos, el canto del himno y más de alguna otra referencia olvidada.
La tanda de penales ya comenzaba y tenía la lata destapada, los ojos semi-llorosos, cualquier cosa podía pasar. No quise esperanzarme que podíamos ganar ni tampoco ponerme a pensar en lo duro que es una eliminación jugando tan bien, asi que la mente fría expectante a la definición.
Parte David Luiz para Brasil, tengo miedo, casi fobia a lo que vaya a hacer este chascón, Bravo lucete y haz lo tuyo.
¡Gol de Brasil! Adentro de las vayas el balón. No te culpo Bravo, el hombre sabe hacerlo, basta ver la suerte que tuvo en el primer tanto. Tomo un sorbo, me siento intranquilo, le toca a Chile.
Pinilla frente al balón, tu sabes, has anotado casi treinta goles así en Italia, creo que más te recuerdo anotando así que de alguna otra forma. Nosotros estábamos concentrados inclusive más que los jugadores que estaban arrodillados en los pastos del estadio. No recuerdo bien cuantos eramos ni exactamente cuanto llevábamos sufriendo, pero con ''Rey León'', nos veíamos esperanzados en igualar pronto.
¡Por la cresta! ¡Por la chucha!... faltaron epitetos para calificar aquel momento, que de seguro de a poco me destruía y despertaban mis temores ocultos en dosis de medicamentos. Pinilla erró su penal y Julio Cesar le guiñaba a sus compañeros.
Creo que se acabó la lata, abriré la última. Willian, el del Chelsea frente al balón, este de seguro que tiene nervios. Tengo la corazonada firme que no lo hará. Bebo un sorbo, Camilo tiene cara de tragame tierra y Herrera putea al jugador, mas bién al televisor.
¡Fuera! Bien, por mis muertos, que esto lo damos vuelta y los eliminamos. Sigue Alexis. Este loco sabe, no por algo ha tenido un buen mundial, vamos Maravilla es todo tuyo.
Me levanto del asiento y veo el disparo de pié, me siento como si fuera yo el ejecutante del disparo desde los doce pasos. Mi rostro pintado con los colores de Chile se sentía pesado, era como si la pintura fuera una mascara de hierro. Alexis toma carrera, dispara... tapó Julio Cesar. Me quiero morir. ¿Cómo es posible?, pero ¡¡¡cómo!!!. No se si pueda ver los siguientes disparos, me siento nervioso, creo que en este estado ya no puedo estar ni un minuto más, me siento demasiado nervioso, inclusive débil.
Marcelo anotó el siguiente para los dueños de casa, no creo ser capaz de ver el siguiente, me tapo el rostro con la camiseta y me arrodillo en el piso como cual devoto de la fe musulmana, Camilo reza, Reyes se cubre la cara, de los muchachos no recuerdo más gestos. Silencio completo, solo es el negro Palma a través del televisor el único que habla en la casa.
Goooool, Aranguiz como un crack dejó parado a Julio Cesar, no vi el disparo en el momento, pero en la repetición le pegó como los dioses, esquinado hacia el ángulo, por favor Bravo, en el siguiente rectifica porqué el Barcelona te requiere en su plantilla.
Hulk frente al balón, este le pegará un fierrazo y de seguro que si estuviera frente a él cualquier persona, lo noquea con la fuerza que lleva el balón.
¡Grande Bravo! Con los pies vale y de que manera lo hiciste viejo, creo sentirme mejor de ánimo, aunque cualquier cosa puede pasar. -¿Quien patea pregunté?-
Sigue Marcelo Díaz, me respondieron.
Care pato haz lo tuyo, demuestra porqué en la Serena cuando nadie confiaba en ti demostraste ser capaz y te ganaste el espacio en la mejor U que ha habido en años, es tu turno, sacale una sonrisa a este país amargo de triunfos.
Díaz y el gol, perdí la cuenta, quien le toca, quien patea, que nervios, perdí la noción del tiempo, de seguro debe ser medio día, consulto a mi teléfono y son las dos con cuarenta de la tarde, está nublado, debe hacer frío afuera, no quiero ver mi rostro, debo estar pasado a cerveza, no tengo hambre, debo ir donde mi papá mas tarde ¡ ¿Quién sigue, por la chucha? !
Neymar, este hombre tiene fama de cagón... gol. Por la cresta, los nervios aumentaron al nivel tragame tierra, no he entregado ningún informe, me echarán de la pega, seré papá, quemé una casa, me llevarán preso, a ese punto me sentía. Creo no ser el único que a esa hora sintió el peso de la historia sobre sus hombros, creo que todos fuimos Gonzalo Jara, el patrón del área de aquella roja juvenil de Holanda donde se ganó aquel apodo.
Yo te banco Jara, habiendo varios jugadores de posiciones ofensivas aún en el equipo este se pone el overol y como referente de la defensa quería demostrar nuestra vida en el mundial. Que gigante es Gary Medel que se hizo mierda las piernas para demostrar que el hombre está hecho de fierro. Jara, haz lo que sabes hacer no más, no te exijo pero tampoco quiero imaginar lo que puede venir.
Se pone frente al balón el formado en Huachipato, el silencio invade la casa, solo es Palma quien manipula nuestras emociones, Jara se dispone para disparar, allá va el balón... ¡palo! Chile eliminado. Rabia y frustración, los brasileños se levantan del piso y celebran, el rostro de Gonzalo Jara no representa más que la tristeza de un pueblo abatido que ve en el fútbol la excusa para ser feliz y gozar de un momento alegre en sus vidas. Gary solloza como un niño.
Nuestro mundo gira en torno al fútbol, pero que impresionante es ver como nos llega a este partido. Cada jugador tiene su historia y carga emocional consigo pero yo en ese momento me sentí en son de perdida de todo, como quién dice que ya no tiene nada más que hacer en la vida. Partí al baño, me miré, imposible, que pasó, porqué, porqué, porqué, la mierda que injusto todo. La pintura estaba semi-corrida, el llanto era incesable, creo que si retrocedo a ese momento y lo rememoro, lloro aún.
Creo que no había llorado tanto, primero mirándome frente al espejo sintiéndome el responsable de la caída de Chile en tierras brasileras y en segundo lugar, reflejando que mis emociones se rompieron y mi estado de inestabilidad y depresión se acentuaban. En ese período tomaba pastillas para curar mis estados de ánimo producto de la dura situación que vivió mi hermana en la clínica, donde luchó contra la muerte y le ganó, pero claro el estado de coma nos dejó en vilo durante días, esa situación de solo recordarla me estremece. Si a eso le agregamos el yugo sentimental de querer estar con mi ex y ver como se desmoronó todo de una y mi nula disposición a estudiar algo que cada día para mí era más suplicio que placer, todo calzaba perfectamente que debía explotar tarde o temprano.
Bueno, aquella tarde lloré, por todo aquello que me afectó, mucho más que del partido de por sí, que fue el detonante para que liberara todas esas emociones que se encontraban expectantes de liberarse y decir por mi cuenta, sal de allí, nadie puede cargar con semejante mochila.
Fui un niño devastado, una víctima de guerra, sentado a brazos cruzados tapando mi rostro en algún rincón de la casa. La tristeza del partido quedaba relegada a segundo plano, mis temores volvían, el llanto era insostenible. De seguro que si alguien me abrazaba en ese momento encontraría algo de consuelo.
El televisor seguía prendido, el ambiente se tornaba frío, los muchachos lloraban y se cubren el rostro. Estoy destruido. Gracias fútbol por liberar toda esa mierda que había en mi y con la cual luchaba o más bien pateaba para demostrar sentirme mejor.
Y lloré, y lloré, más que Medel y su historia de barrio, más que Pinilla y su reivindicación con el fútbol, más que Alexis y su lucha por surgir desde el norte del país y más que todo aquel plantel.
Mas que llorar sollozaba y era a mares, por que hasta el aire me faltaba, que manera de estar jodido, me decía por dentro, aprovecha ahora y desahógate, es el momento.
La camiseta estaba manchada, los rastros de pintura estaban en las mangas y más no quería seguir haciendo, me levanté del lugar y dije, gracias cabros por este momento, por haber visto el mundial y por lo hermoso del fútbol, me repuse y caminé en dirección hacia la casa de mi tío, donde estaba mi papá.
El portón no recuerdo si estaba abierto o Camilo me fue a dejar hasta allí, pero caminé y miré hacia el cielo con los ojos aún llorosos, con la camiseta roja manchada por mis lagrimas y con mis manos sobre mi cabeza diciendo hacia lo alto ¿qué más me espera?

Por Pablo Cárdenas.