En uno de los tantos mundialitos de
fútbol veraniegos me tocó observar como el club San Martín se coronó campeón
ante el Instituto de Argentina. En la final, un pequeño me sorprendió por su
habilidad para driblar y dar pases, si bien era pequeño de tamaño, logró
conectar un cabezazo y anotar el único gol del partido. Ese niño se llamaba
Elías Hernández.
No fui el único que vio a Elías en ese
campeonato, hubo varios veedores que veían diamantes donde solo alguno veíamos
niños disfrutar del fútbol. Cuando entrevisté a Hernández, me dijo que su sueño
era terminar el colegio y poder trabajar junto a su papá en el minimarket de su
casa, no tenía mayor aspiración que esa en la vida, bajo mi mirada un muchacho
humilde.
Al terminar de redactar la
entrevista sobre él para el periódico donde escribía, tomé el teléfono de la
central y llamé a la casa de Elías, me contestó su papá y me contó que habían
varios veedores y representantes que le ofrecían de todo para incorporarlo a
algún equipo, no sabía si creer en ellos pero solo esperaba que sea de un
equipo que no sea tan lejos de la casa, para que pueda jugar y estudiar sin
descuidar ninguna de ambas.
La entrevista demoró dos semanas
en incluirla en el periódico. Cuando fue publicada, llamé otra vez a la casa de
Elías para contarle que ya estaba publicada. Me contestó esta vez su mamá y
contenta me dijo que la filial de Cobreloa lo contactó y jugará para la
categoría sub 13, que pese a su edad (14), trabajarán con él para ponerlo a
punto para prontamente juega en su categoría. Por momento no hay problema en
verano, pero tendrán que ver como familia como toma sus estudios y
compatibiliza el fútbol.
Esto fue en 1997, después dejé el
diario y trabajé en otros medios de comunicación. En 2004 di el salto a radio
Mundo y pude viajar a cubrir el sudamericano sub 20 de 2004 disputado en
Paraguay, tuve la misión de elaborar perfiles con varios de los jugadores que
estaban en la nómina de la selección chilena. Para mi sorpresa en el listado
aparecía Elías Hernández, el mismo que vi jugar en el San Martín.
Al encontrarme con él en la
recepción del hotel, me recordó y me dijo –usted me entrevistó en el mundialito
de Renca -, yo le dije que sí, lo recordaba bien y después supe que habías
partido a Cobreloa. En su breve currículum de futbolista juvenil contó que la
sub 14 de Cobreloa lo subió a las semanas después de haberse sumado además de
recomendarle un colegio no tan alejado de su casa y centro de entrenamiento más
minutas de comida para que no se mal alimente.
En Cobreloa fue campeón sub 17 y
le llegaron ofertas de Universidad Católica y Colo-Colo para incorporarse, pero
no le dieron permiso y continuó allí. Con 18 años fue a préstamo a Deportes
Puerto Montt y logró ascender, eso hizo que lo considerasen en las selecciones
menores de Chile. En el sur supo lo que era extrañar a la familia, pero era
necesario salir de casa.
Cuando le pregunto por su
familia, se quebró y lloró. No sé si usted recuerda a mi padre, le respondí que
sí. En ese momento su llanto se hizo fuerte, su padre tenía cáncer y no se
podía hacer mucho más al respecto ya que la metástasis estaba en una fase
avanzada. Mi mamá se hizo cargo del negocio pero ya son demasiadas las deudas
que arrastramos, mi sueldo de juvenil no es suficiente para cubrir los gastos
médicos. Una triste realidad para él.
No jugó los primeros partidos, pero si parte fundamental de esa selección que muchos tildaron de dorada. Entre tantos malo resultado y pésima administración, el grupo de jóvenes era un bálsamo para un país que solo veía rendimientos mediocres. Hernández usó la camiseta 22, jugó 5 partidos e hizo un gol ante Perú, el gol del triunfo.
En ese torneo sudamericano, Chile
clasificó en tercer lugar luego de realizar una gran segunda fase. Si bien
Chile empezó el torneo goleado por el país anfitrión, logró reponerse y jugar
partidazos ante Argentina, Uruguay y Brasil, para así clasificar al mundial de
Finlandia a disputarse en junio de ese año.
Con Elías no retomamos las
conversaciones hasta junio de 2005, ya estaba retirado del fútbol. De sus
compañeros de equipo, varios dieron el salto a Europa, otros jugaron Copa
Libertadores por equipos destacables en Sudamérica, un par dio vueltas por
México y Asia, y otro lote se quedó peleando un puesto por ser titular en sus
equipos.
En marzo de 2004, Hernández junto
a un grupo de amigos salieron de fiesta, uno de ellos manejó en estado de
ebriedad y chocó el vehículo. Elías sacó la mejor parte, solo una fractura de
tibia y peroné, dos amigos fallecieron luego del choque y el conductor tuvo
lesiones cervicales y fue a parar a prisión por el cometido. Automáticamente sabía que perdería el año en Cobreloa, misma etapa en que los vitores y la ovación en el fútbol nacional la tenían los zorros.
Lesionado y sin opciones de ir al mundial de Finlandia, Cobreloa decidió marginarlo de
ese torneo no sin antes costearle operación y el proceso de recuperación, una
vez listo para volver a las canchas en octubre, su padre fallece lo cual
desencadena una depresión en el que lo hace abandonar el fútbol. El ayudante
técnico Ramiro Montecinos conversó con él para que asista a sesiones con apoyo
emocional para que resista ese duro momento, pero él rechazó, quería volver si
o si a Santiago.
Tras un año sin pisar un terreno
de juego, durante la pretemporada del verano 2005, Cobreloa lo envía a préstamo
a Santiago Morning con el propósito de que esté cerca de su hogar…. Solo alcanzó
a jugar 3 partidos y volvió a recaer en una lesión. Al tiempo después la
depresión lo llevó al elevado consumo de alcohol y su estado físico ya no era
el mismo. La rebeldía producto de sus infortunios hizo que rescindiera contrato
y quede libre en agosto de ese año.
Precisamente en agosto me contacto con él debido a su posible llegada como incorporación a Magallanes y es cuando me cuenta su historia. Lo cité en un café del centro para hablar y se veía distinto, apagado, sin ganas, no le motivaba hablar de sus ex compañeros de selección ni del fútbol, todo lo veía de manera negativa.
La muerte de su padre hizo que no
fuera el único afectado, sino que su madre debido a la crisis emocional y
financiera del grupo hogar decidiera quitarse la vida una tarde que Elías fue a
probar suerte a San Felipe. Él al llegar su pasaje donde vivía encontró a un
grupo de vecinos, carabineros y el servicio médico legal en la casa, había
perdido todo, quedaba a la suerte de nadie.
La pena y la desdicha lo
perseguían y consideró injusto la vida que tenía. Daniel Libertador, ex compañero
de selección que jugaba en el Voolendam de los Países Bajos al saber la noticia
se contactó con él y le dijo que venga a su casa, no había problema alguno y
más la ayuda de su representante harían el intento de que juegue en el equipo
B.
Semanas después, el también ex
compañero de equipo, Alexander Jui Sam lo invita a pasar un tiempo en Turín y
probar suerte en equipos de la serie C, que si bien son menores en el fútbol
italiano, le podían abrir las puertas al mundo del fútbol una vez más.
Hernández estuvo a prueba en el
Voolendam, Emmen, Dordrecht y en el Cambuur, pero sin mayor suerte. Al tiempo
volvó a Italia donde estuvo a prueba en el Lucchese, Cremonese y Benevento. No
quedó en ningún club y debido a que Jui Sam no era considerado por Fabio
Capello por ende, partió a préstamo a Vélez Sarsfield de Argentina.
Sin más opción, Hernández volvió
a Chile, en su casa estaba solo, viviendo los ahorros que alguna vez tuvo en
sus ex clubes y de una parte de lo que dejaron sus padres. Martín, amigo del
barrio le dice que todavía está en edad de hacer el servicio militar y
encontrar una oportunidad en la vida. En un principio lo dudó bastante pero
finalmente aceptó y partió a inscribirse.
Ya sin mayores lazos familiares
que hacer, se enroló y dejó en arriendo su casa a la hermana de Martín. Desde
Santiago lo derivaron a Chillán y allá realizó gran parte de la formación.
En el programa “El Deportero” de
radio Mundo hice un reportaje acerca de los futbolistas de la generación del
2004: Jui Sam jugaba en Mónaco, Libertador en Anderlecht, Rojas en el
Liverpool, Solís en América de Cali y otro par que ya estaba de vuelta en el país,
con la única variable que no estaba en el fútbol: Elías Hernández.
No tuvo mayor contacto con él
hasta que hubo una noticia que conmocionó al país, la expedición a Antuco de
2006 que en cuyo listado de fallecidos databa el nombre de Elías Patricio
Hernández Jara. Sí, el mismo que vi en el campeonato juvenil, que vistió la
camiseta de Chile, Cobreloa y Santiago Morning, el mismo que la vida le jugó
chueco más de alguna vez.
Los responsables del crimen
cometido hacia los novatos que hicieron el servicio allá y que tuvieron la
desdicha de vivir esa calamidad quedaron impunes hasta hace un par de años. En
total fallecieron 30 muchachos entre 18 a 22 años, de diferentes lugares del
país, una pena enorme.
Me golpeó mucho en lo emocional, lo conocí cuando era niño y yo hacía mis primeras armas en el periodismo, lo recuerdo como el mejor del torneo siendo bajito y habilidoso. La vida lo complicó en cada instante, pero sabía reponerse pero cuando la avalancha es grande no hay quien pueda ante ella. Lloré en el trabajo por el accidente que tuvo, que más bien fue irresponsabilidad de sus superiores. Había que reponerse y seguir escribiendo, quedaban 5 días para el estreno del mundial.
La selección nacional que se
encontraba clasificada al mundial adulto a disputarse en Francia quedó
conmocionada con el fallecimiento de Hernández. Jui Sam, Rojas, Salvador y
Loirre no comprendían lo que había sucedido. La asociación de fútbol conversó
con la Fifa para realizar un minuto de silencio el día que Chile juegue ante
Suiza.
Ese día Chile ganó a Suiza, hubo
minuto de silencio. El gol lo anotó Carlos Rojas, el chascón recibió un centro
de Daniel Libertador luego de una recuperación de Alexander Jui Sam. Rojas
corrió a la cámara y mostró la polera que iba debajo de la tricota roja: en
ella la foto de Elías y una frase que decía “siempre serás grande”.