lunes, 20 de enero de 2020

Elías Hernández - el jugador 22


En uno de los tantos mundialitos de fútbol veraniegos me tocó observar como el club San Martín se coronó campeón ante el Instituto de Argentina. En la final, un pequeño me sorprendió por su habilidad para driblar y dar pases, si bien era pequeño de tamaño, logró conectar un cabezazo y anotar el único gol del partido. Ese niño se llamaba Elías Hernández.

 No fui el único que vio a Elías en ese campeonato, hubo varios veedores que veían diamantes donde solo alguno veíamos niños disfrutar del fútbol. Cuando entrevisté a Hernández, me dijo que su sueño era terminar el colegio y poder trabajar junto a su papá en el minimarket de su casa, no tenía mayor aspiración que esa en la vida, bajo mi mirada un muchacho humilde.

Al terminar de redactar la entrevista sobre él para el periódico donde escribía, tomé el teléfono de la central y llamé a la casa de Elías, me contestó su papá y me contó que habían varios veedores y representantes que le ofrecían de todo para incorporarlo a algún equipo, no sabía si creer en ellos pero solo esperaba que sea de un equipo que no sea tan lejos de la casa, para que pueda jugar y estudiar sin descuidar ninguna de ambas.

La entrevista demoró dos semanas en incluirla en el periódico. Cuando fue publicada, llamé otra vez a la casa de Elías para contarle que ya estaba publicada. Me contestó esta vez su mamá y contenta me dijo que la filial de Cobreloa lo contactó y jugará para la categoría sub 13, que pese a su edad (14), trabajarán con él para ponerlo a punto para prontamente juega en su categoría. Por momento no hay problema en verano, pero tendrán que ver como familia como toma sus estudios y compatibiliza el fútbol.

Esto fue en 1997, después dejé el diario y trabajé en otros medios de comunicación. En 2004 di el salto a radio Mundo y pude viajar a cubrir el sudamericano sub 20 de 2004 disputado en Paraguay, tuve la misión de elaborar perfiles con varios de los jugadores que estaban en la nómina de la selección chilena. Para mi sorpresa en el listado aparecía Elías Hernández, el mismo que vi jugar en el San Martín.

Al encontrarme con él en la recepción del hotel, me recordó y me dijo –usted me entrevistó en el mundialito de Renca -, yo le dije que sí, lo recordaba bien y después supe que habías partido a Cobreloa. En su breve currículum de futbolista juvenil contó que la sub 14 de Cobreloa lo subió a las semanas después de haberse sumado además de recomendarle un colegio no tan alejado de su casa y centro de entrenamiento más minutas de comida para que no se mal alimente.

En Cobreloa fue campeón sub 17 y le llegaron ofertas de Universidad Católica y Colo-Colo para incorporarse, pero no le dieron permiso y continuó allí. Con 18 años fue a préstamo a Deportes Puerto Montt y logró ascender, eso hizo que lo considerasen en las selecciones menores de Chile. En el sur supo lo que era extrañar a la familia, pero era necesario salir de casa.

Cuando le pregunto por su familia, se quebró y lloró. No sé si usted recuerda a mi padre, le respondí que sí. En ese momento su llanto se hizo fuerte, su padre tenía cáncer y no se podía hacer mucho más al respecto ya que la metástasis estaba en una fase avanzada. Mi mamá se hizo cargo del negocio pero ya son demasiadas las deudas que arrastramos, mi sueldo de juvenil no es suficiente para cubrir los gastos médicos. Una triste realidad para él.

No jugó los primeros partidos, pero si parte fundamental de esa selección que muchos tildaron de dorada. Entre tantos malo resultado y pésima administración, el grupo de jóvenes era un bálsamo para un país que solo veía rendimientos mediocres. Hernández usó la camiseta 22, jugó 5 partidos e hizo un gol ante Perú, el gol del triunfo.

En ese torneo sudamericano, Chile clasificó en tercer lugar luego de realizar una gran segunda fase. Si bien Chile empezó el torneo goleado por el país anfitrión, logró reponerse y jugar partidazos ante Argentina, Uruguay y Brasil, para así clasificar al mundial de Finlandia a disputarse en junio de ese año.

Con Elías no retomamos las conversaciones hasta junio de 2005, ya estaba retirado del fútbol. De sus compañeros de equipo, varios dieron el salto a Europa, otros jugaron Copa Libertadores por equipos destacables en Sudamérica, un par dio vueltas por México y Asia, y otro lote se quedó peleando un puesto por ser titular en sus equipos.

En marzo de 2004, Hernández junto a un grupo de amigos salieron de fiesta, uno de ellos manejó en estado de ebriedad y chocó el vehículo. Elías sacó la mejor parte, solo una fractura de tibia y peroné, dos amigos fallecieron luego del choque y el conductor tuvo lesiones cervicales y fue a parar a prisión por el cometido. Automáticamente sabía que perdería el año en Cobreloa, misma etapa en que los vitores y la ovación en el fútbol nacional la tenían los zorros. 

Lesionado y sin opciones de ir al mundial de Finlandia, Cobreloa decidió marginarlo de ese torneo no sin antes costearle operación y el proceso de recuperación, una vez listo para volver a las canchas en octubre, su padre fallece lo cual desencadena una depresión en el que lo hace abandonar el fútbol. El ayudante técnico Ramiro Montecinos conversó con él para que asista a sesiones con apoyo emocional para que resista ese duro momento, pero él rechazó, quería volver si o si a Santiago.

Tras un año sin pisar un terreno de juego, durante la pretemporada del verano 2005, Cobreloa lo envía a préstamo a Santiago Morning con el propósito de que esté cerca de su hogar…. Solo alcanzó a jugar 3 partidos y volvió a recaer en una lesión. Al tiempo después la depresión lo llevó al elevado consumo de alcohol y su estado físico ya no era el mismo. La rebeldía producto de sus infortunios hizo que rescindiera contrato y quede libre en agosto de ese año.

Precisamente en agosto me contacto con él debido a su posible llegada como incorporación a Magallanes y es cuando me cuenta su historia. Lo cité en un café del centro para hablar y se veía distinto, apagado, sin ganas, no le motivaba hablar de sus ex compañeros de selección ni del fútbol, todo lo veía de manera negativa.

La muerte de su padre hizo que no fuera el único afectado, sino que su madre debido a la crisis emocional y financiera del grupo hogar decidiera quitarse la vida una tarde que Elías fue a probar suerte a San Felipe. Él al llegar su pasaje donde vivía encontró a un grupo de vecinos, carabineros y el servicio médico legal en la casa, había perdido todo, quedaba a la suerte de nadie.

La pena y la desdicha lo perseguían y consideró injusto la vida que tenía. Daniel Libertador, ex compañero de selección que jugaba en el Voolendam de los Países Bajos al saber la noticia se contactó con él y le dijo que venga a su casa, no había problema alguno y más la ayuda de su representante harían el intento de que juegue en el equipo B.

Semanas después, el también ex compañero de equipo, Alexander Jui Sam lo invita a pasar un tiempo en Turín y probar suerte en equipos de la serie C, que si bien son menores en el fútbol italiano, le podían abrir las puertas al mundo del fútbol una vez más.

Hernández estuvo a prueba en el Voolendam, Emmen, Dordrecht y en el Cambuur, pero sin mayor suerte. Al tiempo volvó a Italia donde estuvo a prueba en el Lucchese, Cremonese y Benevento. No quedó en ningún club y debido a que Jui Sam no era considerado por Fabio Capello por ende, partió a préstamo a Vélez Sarsfield de Argentina.

Sin más opción, Hernández volvió a Chile, en su casa estaba solo, viviendo los ahorros que alguna vez tuvo en sus ex clubes y de una parte de lo que dejaron sus padres. Martín, amigo del barrio le dice que todavía está en edad de hacer el servicio militar y encontrar una oportunidad en la vida. En un principio lo dudó bastante pero finalmente aceptó y partió a inscribirse.

Ya sin mayores lazos familiares que hacer, se enroló y dejó en arriendo su casa a la hermana de Martín. Desde Santiago lo derivaron a Chillán y allá realizó gran parte de la formación.

En el programa “El Deportero” de radio Mundo hice un reportaje acerca de los futbolistas de la generación del 2004: Jui Sam jugaba en Mónaco, Libertador en Anderlecht, Rojas en el Liverpool, Solís en América de Cali y otro par que ya estaba de vuelta en el país, con la única variable que no estaba en el fútbol: Elías Hernández.

No tuvo mayor contacto con él hasta que hubo una noticia que conmocionó al país, la expedición a Antuco de 2006 que en cuyo listado de fallecidos databa el nombre de Elías Patricio Hernández Jara. Sí, el mismo que vi en el campeonato juvenil, que vistió la camiseta de Chile, Cobreloa y Santiago Morning, el mismo que la vida le jugó chueco más de alguna vez.

Los responsables del crimen cometido hacia los novatos que hicieron el servicio allá y que tuvieron la desdicha de vivir esa calamidad quedaron impunes hasta hace un par de años. En total fallecieron 30 muchachos entre 18 a 22 años, de diferentes lugares del país, una pena enorme.

Me golpeó mucho en lo emocional, lo conocí cuando era niño y yo hacía mis primeras armas en el periodismo, lo recuerdo como el mejor del torneo siendo bajito y habilidoso. La vida lo complicó en cada instante, pero sabía reponerse pero cuando la avalancha es grande no hay quien pueda ante ella. Lloré en el trabajo por el accidente que tuvo, que más bien fue irresponsabilidad de sus superiores. Había que reponerse y seguir escribiendo, quedaban 5 días para el estreno del mundial.

La selección nacional que se encontraba clasificada al mundial adulto a disputarse en Francia quedó conmocionada con el fallecimiento de Hernández. Jui Sam, Rojas, Salvador y Loirre no comprendían lo que había sucedido. La asociación de fútbol conversó con la Fifa para realizar un minuto de silencio el día que Chile juegue ante Suiza.

Ese día Chile ganó a Suiza, hubo minuto de silencio. El gol lo anotó Carlos Rojas, el chascón recibió un centro de Daniel Libertador luego de una recuperación de Alexander Jui Sam. Rojas corrió a la cámara y mostró la polera que iba debajo de la tricota roja: en ella la foto de Elías y una frase que decía “siempre serás grande”.